por Agustina Casella

Le toca 5°sociales. Tiene que dar sociología. Siempre que toma un curso nuevo le gusta hablar con otros profesores para que le anticipen algo, para ir con alguna certeza, dice. Es un curso de 27 estudiantes, en su mayoría mujeres, caracterizado en la escuela por ser de bajo rendimiento académico, con algunos ´repetidores´, padres ausentes y otras yerbas habituales que aparecen en algunas salas de profesores. Le toca dar la unidad de control social, así lo establece el programa. Para explicar qué es la sociedad disciplinaria siempre suele hacer el mismo trabajo. Una breve encuesta -realizada por los estudiantes- a distintos actores escolares: alumnos, docentes, equipo directivo y padres, en la que discutan la afirmación la escuela cumple una función represiva. Los grupos responden enseguida por la afirmativa y suelen verse atraídos por la actividad, para ver qué piensan los directivos sobre todo, como un acto de rebeldía.

Todos los años, sus alumnos responden como ella espera: identifican con facilidad los mecanismos de control social en las instituciones de encierro, esbozan una mueca de asombro y hasta de bronca o indignación por hacer el cálculo del tiempo que pasan encerrados y sometidos a la cárcel que los fabrica, que rápidamente se va cuando se cuestionan la eficacia disciplinaria de la escuela hoy en día. Ella se iba con cierta satisfacción por haberles hecho saber lo que sus cuerpos cotidianamente padecían e incluso descargaba su propia insatisfacción haciendo catarsis de su vida como docente. Pero este año, pasó algo distinto. Ni los estudiantes sintieron el agobio escolar, ni simpatizaron con su miserable vida. Más que la indisciplina adolescente, que fue a lo que siempre temió, se dio cuenta de que era peor aquello que sus colegas le habían anticipado: la mudez, la apatía.

La repetitiva docente se encontró con una encuesta realizada en el momento entre ellos -ni siquiera sintieron interés por salir de ese encierro áulico para entrevistar a otros- y se encontró con el temido copy & paste -con lo que odiaba esa expresión- de algunos conceptos de Foucault que ni siquiera habían sido trabajados en su clase. Ante esta situación se dio cuenta de que en realidad en su clase había 28 presencias ausentes, y ella era una. Es así que ese vacío que se presentaba en el aula hizo un silencioso eco que no paraba de retumbar en su cabeza. Repensando lo que pasaba se dio cuenta de que las miradas puesta en la pantalla de los celulares ya sea mandando whatsapp, sacándose fotos; o los dibujos en las carpetas y escritorios; los exámenes en blanco sin siquiera leer las consignas; el arte en billetes fuera de uso de dos pesos, esos cuerpos inertes estaban efectivamente expresando algunas cosas.

Su saber no era una virtud dado que todo caía en un espacio de indiferenciación donde resultaba lo mismo escuchar algo sobre Foucault que mirar un tutorial de macramé. Ella no dominaba más la trasmisión de contenidos. No existe encierro cuando no hay espacio. El presente y la presencia estaban disociados. Estar en el aula durante 5 hs de manera obligatoria no aseguraba la producción en serie de adolescente foucaultianos. El tiempo, el espacio, el saber y su autoridad debían ser repensados. Todo estaba obsoleto.

Se propuso en principio pensar a los estudiantes como cuerpos cargados de información. Pensarse a sí misma como tal. Esto implicaba pensar el lenguaje, la técnica y las practicas. Sabiendo que no sería posible la obediencia en el sentido de atención continua -en ella- se pregunto cómo compartir el mundo. Como sumergirse en otro mundo (creyendo que no estaba ya inmersa en él). Partió de la base que los cuerpos son medios, que traen (son) información, que por ende pueden transmitir. También que el tiempo y la reflexión no estaban de su lado, por lo cual lo automático iba a predominar, sabía que no era posible elaborar todo lo que fluía por sus dispositivos. También sabía que todo estaba superpuesto: el estar sin estar, es decir encerrados al tiempo que fuera de ese espacio, sentados mirándola, automatizados, sin embargo lo que más le preocupaba a la hora de pensar un aprendizaje significativo era el tiempo.

Comprendiendo la dificultad que encontraba en los cuerpos, incluso el propio, de darle sentido a algo, pensó de qué forma volver a lo vital. Se propuso para trabajar el próximo tema, sociedad de control, tener esto en cuenta. Se le ocurrió que hagan una lista de las aplicaciones que tenían. Las que interesan retomar acá son dos: una de tarot (Escola Mariló Casals) y otra del ciclo menstrual (Maya). En las dos es necesario tener un seguimiento diario para que tenga el sentido que pretenden, que es registrar emociones, sensaciones y eventos, por lo tanto aparecen recordatorios.

Lo llamativo de estas aplicaciones es que registran emociones, sensaciones y obligan de alguna manera a encontrarlas en nosotros o identificarlas en el ambiente. Es decir nos brindan información por un lado pero por el otro el usuario también la brinda completando breves encuestas. Se podría decir que ayudan a registrar y controlar lo que aparentemente uno no puede. Se puede ingresar varias veces durante el mismo día y chequear la información que dio, verificarla. Están a un click de distancia para acceder a: consejos del día con el significado de un arcano mayor; un curso express de tarot; así también como para anticipar sensaciones y eventos siguiendo el ciclo menstrual –hoy te sentirás cansada, antojada, pacífica-, prevenir o planificar de embarazos –hoy no es seguro. En un instante tenemos nuestro presente. Y está en una pantalla. Rápidamente podemos pasar a otra cosa. El olvido es sistemático porque la permanencia esta en otro lado, la pantalla. Es efímero pero eterno. Es decir las aplicaciones ofrecen todo lo que ella no puede. Sin embargo aprendieron junto a ella.

Muchos, en tanto experimento personal, lograron descubrir cosas de sí mismos, que son cíclicos o sugestionables por ejemplo, otros se sorprendieron de tener que depender de una aplicación para prevenir un embarazo y otros ampliaron su mundo al esoterismo como camino de autodescubrimiento. Empezaron a ver las publicidades que precedían al uso de la aplicación y de esa forma hacer cruces con empresas de toallitas femeninas y anticoncepción o con los gurús espirituales. Ella ahora tiene una mueca de satisfacción porque cree que se dieron cuenta de que son y emiten información, que esa información genera cosas, que ellos pueden decidir. También, ella cree que se están cuestionando la lógica del conocimiento científico. La tecnología abrió efectivamente un mundo nuevo porque los hizo parte como emisores y receptores –en parte- más consientes. Y esa duda que la atosigaba, en realidad fue resuelta en que aquello que une es el tiempo, no el espacio. Al conectarnos, nos contemporaneizamos. Hay un encuentro. Podemos separar presente de presencia, y eso ella ya lo sabía.

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