¿Y por qué?

Los niños pequeños pasan por una etapa, que suele ser irritante para muchos adultos, en que preguntan constantemente “por qué”, ante cada cosa que ven, cada cosa que les pasa, lanzan el inquietante“¿por qué?” Y a veces a cada una de las explicaciones que con esfuerzo se les ofrece, le sigue otro porqué y otro… así los porqués se encadenan hasta el cansancio (hay un chiste famoso de Les Luthiers que retrata esta escena).

Pocas veces, los adultos, nos dejamos conmover por esos porqué y volvemos nosotros a hacernos la pregunta, cuando creíamos que ya teníamos la respuesta. Recuerdo que el hijo de un amigo le preguntó, cuando pasaban frente a un hombre que dormía en la calle, por qué ese hombre vivía ahí, mi amigo intentó una explicación sobre el injusto sistema en el que vivimos, pero el niño arremetió con “¿y por qué no lo llevamos a vivir a casa?”

¿Por qué las cosas son como son? En principio, parece una pregunta que intenta comprender, pero con sólo ver a un niño pasando por la etapa de los porqués, uno advierte que la pregunta es desafiante y no ingenua. Hay un poder en el porqué, en este porqué que es como una gimnasia: el poder de pensar que las cosas podrían ser de otro modo siempre.

Cuando en la reunión del CFP dejan la queja (que es hermana de las respuestas enraizadas) para imaginarse otras formas de ser y hacer con la limpieza, ponen en práctica la gimnasia del porqué. ¿Por qué los que limpian tienen que ser los auxiliares? ¿Por qué los que ensuciamos tenemos que ser limpiados por otros? ¿Por qué la limpieza no es un contenido más de los talleres? ¿Por qué la limpieza instala jerarquías en los vínculos y por qué nosotros no lo cuestionamos? ¿Por qué? ¿Por qué…?

¿Por qué la escuela tiene que ser como es?

Written by Elina Aguirre

Lic. En Psicología. Miembro del equipo de la Especialización en Gestión Educativa de FLACSO Argentina