El desequilibrio de los cuerpos

Conversación entre Juan Onofri, coreógrafo y director de Duramadre y Tráfico de Experiencias ¿Habrá algo en común entre un coreógrafo y quienes piensan la escuela?

Acostumbrados a los campos definidos por sus reglas no resulta verosímil trazar preguntas compartidas entre la danza y la escuela. Nada de préstamos extracurriculares ni de contenidos transversales. Tráfico de imágenes, zonas de contacto, investigaciones atravesadas. Por aquí vamos.

T: Comencemos por charlar un poco sobre la cocina de la obra. ¿Qué los lleva a montar Duramadre?

J: Todo el proceso de Duramadre estuvo marcado por momentos de investigación y adaptación a situaciones que, podríamos decir, nos generaban desequilibrios organizativos, emocionales, económicos, artísticos.

De alguna manera el desequilibrio acontece, nos toma. Ejercer una resistencia controladora sobre éste, puede ser doblemente frustrante y agotador. Pelea perdida.

Supongo que la idea no es tratar de encontrar UN EJE, sino de balancearse entre varios ejes. Esta oscilación, hace que los paradigmas de todos los integrantes de KM291KM29 es un proyecto de investigación y creación, iniciado en 2010, que dialoga con diferentes lenguajes artísticos en pos de la experimentación y el intercambio humano. Luego de 5 años de producción vinculados a las artes escénicas y al cine, KM29 viene desarrollando desde el 2012 su segunda obra, Duramadre después de 4 temporadas con Los posibles. Esta nueva pieza fue concebida pensando-sintiendo al cuerpo como una superficie de contacto, una red de relaciones, una plataforma de insuperable complejidad, ávida de vínculo y contagio con lo otro. Así, construimos un ritual de movimiento, una experiencia radical que sostiene activo nuestro inclaudicable deseo de ser un grupo, de volvernos un cuerpo más grande, sensible y potente que multiplica lo que somos individualmente. Este cuerpo común-compartido se fortalece y se emancipa de la identidad que les imprimimos a los sujetos para dejar que aparezca otro tipo presencia, que rehúya las categorías que nos aíslan. Existe algo común a todos. Duramadre es un intento por hacer presente esa fuerza. estén colgados de un péndulo. Desde el pibe que muy en el fondo y no tanto, no se cree merecedor de un espacio de investigación y entrenamiento, o de un sueldo a cambio de bailar, hasta los de un profesional con mucha experiencia en el mercado del arte, que posiblemente tiene que sostener condiciones de trabajo muy hostiles, o ser parte protagónica de situaciones propias de la pobreza y la exclusión y a su vez este profesional debe entender que lo que cree como valido e interesante es obsoleto o inútil dentro de ese proceso de búsqueda y trabajo. En esta apertura en el rango de funcionamiento individual aparece la grupalidad, el intercambio de pieles, el enroque de condiciones, donde todos intercambiamos en algún grado las ventajas y desventajas que le son propias al otro, una licuadora de condiciones y características individuales que forman un nuevo estado de situación, por lo menos caótico y emulsionante.

Así nuestro grupo en sus cinco años de historia, funcionamiento y agitada producción artística se ha sostenido auto equilibrándose entre complejas encrucijadas internas, espaldarazos institucionales y la propia fricción de la dinámica de trabajo en grupo. En grupo de humanos.

Otro aspecto subjetivo y claramente intuitivo esta ligado a la elección de qué desequilibrio puede ser un potencial punto de partida para construir algo. ¿Cuál de todos ellos puede potenciar el proceso? Para que el proceso nos permita construir un objeto y no un campo minado.

Cuando iniciamos conscientemente el proceso de búsqueda de materiales para esta pieza, estábamos en pleno invierno del 2012, que en nuestro estudio de González Catán sin ningún sistema de calefacción se volvía insoportablemente frío.

Esta condición climática irrefutable, innegociable, determinó fuertemente nuestro proceso de ensayos. No podía perder de vista esta condición. Comencé entonces a diseñar trabajos físicos intensos, aeróbicos, de potencia y resistencia para lograr que el cuerpo entrara en calor y disponibilidad lo antes posible.

T: ¿La mutación térmica de los cuerpos en contacto con la temperatura ambiente es la primera información de desequilibrio que recibe el cuerpo?

J: Claramente se volvía un desequilibrio térmico, que se compensaba gastando energía del cuerpo para lograr una termorregulación (sistema homeostático), pero nos daba un registro del exterior muy claro. Ese contraste térmico evidenciaba tanto como diluía la presencia de piel como frontera porosa. Esto nos daba una gran conciencia de cada zona del cuerpo apoyada o no. Además para las zonas no apoyadas y húmedas por la transpiración, el frío también es un resaltador de presencia que de alguna manera incita a integrar toda la piel en una misma sensación global.

T: El desequilibrio no es una elucubración, es puro sentir y a su vez la materialidad de un movimiento. No me refiero a desplazamientos físicos, ni a lo que nuestros ojos ven moverse. Más bien diría lo que nuestros oídos escuchan vivo. ¿Ves algo de esto?

J: Puede ser. Pero quizás también podemos hablar de no pensar, de entrenar el no pensamiento. El desequilibrio que buscamos está ligado a los registros internos y externos que ingresan al sistema nervioso central, y que no necesariamente se traducen en pensamientos, ideas, conceptos.

T: Digamos que algo en el entendimiento o en la premura por elaborar figuras conceptuales necesite suspenderse para no opacar el fluir caótico de sensaciones. Jugando con el nombre de la obra Duramadre, podríamos decir que la madre es esa experiencia del sentir que nutrirá todo el pensamiento. Y lo que suele ocurrir es que nos hemos formado en la pretensión de excluir el cuerpo (matriz afectiva) de lo que las palabras o los conceptos a priori dicen, como si el cuerpo no pensara. O como si el pensamiento fuera un momento superador del cuerpo.

¿Podemos pensar que no protegerse del frío sino investigarlo en el cuerpo es averiguar lo que puede en contacto con su fuerza?

J: Retomando los efectos del clima en el proceso de investigación, lo que fui notando era la necesidad de armar un trabajo de concentración, acumulación, resistencia para observar y potenciar la resultante generación de estados físicos de este proceso.

Este programa de trabajo determinaba por lo general estados de una fisicalidad muy alta y demandante para los intérpretes. Presentaba una complicación que me preocupaba en particular, y era la dificultad para transmitir contenidos y conceptos en ese marco tan “agitado”. Sin contar que ensayábamos muy temprano y todos solíamos estar en estado de “somnolencia helada”.

T: Hay una paradoja interesante; la somnolencia expresa cierto relajamiento, reverberaciones del estado de sueño que dejamos atrás. Al mismo tiempo lo helado nos tensa, nos alerta. ¿Cómo funcionaría esta imagen paradojal?

J: Fui probando distintas rutas en cada ensayo, intentando sostener ese estado calórico y de forma paralela ir transmitiendo ideas sobre el cuerpo, el espacio y tiempo que fueran generando un umbral teórico-práctico compartido. Una especie de relato paralelo que va abollando la percepción y los estados de conciencia, el discurso y la imagen penetrando al cuerpo.

Los primeros conceptos que ingresaron de forma experiencial tuvieron que ver con distinguir en el cuerpo los tejidos blandos, de los duros. Los huesos, de la carne. Los músculos, de la fascia. Y la fascia, de la piel. Con estas distinciones buscábamos entender y entrenar al cuerpo como un sistema indivisible de tejidos en conexión y relación, un conductor de todos los rangos de vibraciones imaginables. El cuerpo como un gran resonador, una membrana que vibra para vivir.

Entonces la idea de cuerpo al pensarse como un compuesto de relaciones a investigar es una idea madre cuyas resonancias traspasan todas las fronteras disciplinares o de campos específicos de acción.

T: Desequilibrio de las “disciplina” equilibrio de otras conjugaciones. El equilibrio como un estado de movimiento imperceptible que usa la cualidad de un suelo movedizo a su favor.

J: ¡Si!, lo pienso como una situación dinámica al equilibrio, compuesta de constantes y micro desequilibrios, intercambios constantes. La idea de equilibrio, ligada a la inmovilidad no me interesa, porque no es posible en un cuerpo vivo.

ensayo2En esta foto se puede apreciar este intento grupal, que el caso de Amparo (máscara azul), llevó su apoyo unipodal a un límite extremo, usando el canto externo del pié derecho como único apoyo, pero toda su estructura busca la descompresión del mismo del tobillo, ese pié que podría estar fuertemente comprometido de lo contrario, es parte de una red que trabaja globalmente para auto sustentarse sin sobre cargar ninguna de sus partes.

T: El desequilibrio no es lo opuesto al equilibrio sino su condición o una de sus cualidades. El diccionario lo define como falta de cordura, falta de equilibrio. Qué cambia en la mirada cuando el lenguaje escapa del binarismo y nombra la dinámica de las cosas en su compleja tensión y ambivalencia. ¿Es posible crear y sostener un cuerpo compartido, un cuerpo de cuerpos?

J: De alguna manera girando alrededor de esta pregunta comenzamos a establecer relaciones tenségricas entre los cuerpos, a ver si podíamos experienciar modos de llevar a la grupalidad estas redes de relaciones internas. Creo que nos sumergimos en este territorio, y en esta pieza develamos algunas posibles coordenadas de lo que puede ser un largo camino de experimentación sobre dinámicas grupales, aglomeraciones físicas, multitudes.

Aún no sabemos mucho de esto, es solo el comienzo intuitivo de una ruta caótica, desequilibrada y profundamente hipnótica.

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Notas   [ + ]

1. KM29 es un proyecto de investigación y creación, iniciado en 2010, que dialoga con diferentes lenguajes artísticos en pos de la experimentación y el intercambio humano. Luego de 5 años de producción vinculados a las artes escénicas y al cine, KM29 viene desarrollando desde el 2012 su segunda obra, Duramadre después de 4 temporadas con Los posibles. Esta nueva pieza fue concebida pensando-sintiendo al cuerpo como una superficie de contacto, una red de relaciones, una plataforma de insuperable complejidad, ávida de vínculo y contagio con lo otro. Así, construimos un ritual de movimiento, una experiencia radical que sostiene activo nuestro inclaudicable deseo de ser un grupo, de volvernos un cuerpo más grande, sensible y potente que multiplica lo que somos individualmente. Este cuerpo común-compartido se fortalece y se emancipa de la identidad que les imprimimos a los sujetos para dejar que aparezca otro tipo presencia, que rehúya las categorías que nos aíslan. Existe algo común a todos. Duramadre es un intento por hacer presente esa fuerza.
2. En esta foto se puede apreciar este intento grupal, que el caso de Amparo (máscara azul), llevó su apoyo unipodal a un límite extremo, usando el canto externo del pié derecho como único apoyo, pero toda su estructura busca la descompresión del mismo del tobillo, ese pié que podría estar fuertemente comprometido de lo contrario, es parte de una red que trabaja globalmente para auto sustentarse sin sobre cargar ninguna de sus partes.